Estas prácticas no requieren experiencia previa, solo la intención
de estar dispuesto a estar conciente en todos los niveles posibles. En las clases
de Tàijíquán (Tai Chi Chuan) trabajamos posturas y formas marciales
circulares y continuas que armonizan la coordinación y la
estabilidad postural.
El Tàijíquán es para todas las edades, pero considero que mi público es para adolescentes y hasta adultos mayores de tercera edad, ya que sus movimientos suaves y un desarrollo de paciencia y coordinación; necesitan de una mente desarrollada que pueda comprender los principios del arte. No es necesario ser fuerte o flexible, ya que la práctica se adapta a las capacidades individuales.
En cuanto al ejercicio físico, el Tàijíquán mejora la fuerza interna, el equilibrio y la coordinación sin impacto, siendo accesible para personas con diferentes niveles de condición física. Y en cuanto al aspecto mental, promueve la concentración, la relajación y la reducción del estrés a través de la atención plena en el movimiento y la respiración.
Más allá de estos dos aspectos, el Tàijíquán es una forma de meditación en movimiento: la energía interna se activa y se dirige conscientemente, desarrollando relajación consciente, enraizamiento
y una elasticidad energética que surge desde adentro.
Explorando el Tàijíquán (Tai Chi Chuan)
El Tàijíquán (太极拳), o «Boxeo del Supremo Último», es un arte
marcial interno de origen chino. Su fundamento radica en el
principio de la armonía entre los opuestos (Yin‑Yang), y su
práctica está orientada a cultivar la salud, el equilibrio
interno y la capacidad marcial desde una consciencia profunda
del cuerpo y la energía.
Aunque tiene una raíz marcial, el Tàijíquán se ha consolidado
también como una vía para el desarrollo personal y espiritual.
Se practica mediante secuencias de movimientos lentos, continuos
y circulares que integran respiración, intención y percepción
energética. A través de estas formas, el practicante transforma
su estructura física, su flujo interno y su estado mental.
El Tàijíquán no es simplemente un sistema de autodefensa ni un
ejercicio de relajación. Es una forma de meditación en
movimiento, donde la energía interna se activa y se dirige
conscientemente. Las principales cualidades que desarrolla son:
la relajación consciente, el enraizamiento, la presencia mental
y una elasticidad energética que surge desde adentro.
Explorando el Tàijí Jiàn (Espada)
El Tàijí Jiàn (太极剑), o «Espada del Supremo
Último», es la versión con espada del Tàijí. Mantiene el
principio de la armonía Yin‑Yang, proyectando la energía interna
a través de una espada recta de doble filo solamente en su punta
que actúa como extensión del cuerpo.
Sus secuencias combinan cortes, empujes y giros fluidos que
integran respiración, intención y desplazamiento. Con cada
movimiento se afinan la percepción espacial, la precisión y la
capacidad de dirigir el Qì más allá de las manos.
Además de su raíz marcial, el Tàijí Jiàn funciona como
meditación dinámica: relaja la mente, refuerza el enraizamiento
y cultiva una elegancia consciente. Ideal para profundizar en la
atención plena y en la proyección energética característica del
Tai Chi.
Explorando el Tàijí Shàn (Abanico)
El Tàijí Shàn (太极扇), o «Abanico del Supremo
Último», traslada los principios internos del Tàijí al manejo de
un abanico rígido. Tradicionalmente era de bambú y seda, con
adornos de metal para cortes o golpes; actualmente, para
prácticas y el consumo masivo, es de plástico. La apertura
repentina del abanico genera un sonido que marca el instante del
fājìn, proyectando el Qì a través del arma como extensión del
cuerpo.
La forma enlaza barridos circulares, cortes ascendentes y golpes
secos, acompañados de pasos vivos y respiración consciente. Cada
apertura se expande; cada cierre condensa. Así se afinan la
percepción espacial, la precisión y la capacidad de dirigir la
energía más allá de las manos.
Más que un entrenamiento marcial, el Tàijí Shàn es una
meditación dinámica que cultiva:
- Coordinación mano‑ojo y ritmo interno
- Sincronía respiración‑movimiento
- Elegancia y presencia consciente